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domingo, 17 de diciembre de 2017 - 8:59:42
 
 
Galería de carteles

HISTORIA Y TRADICIÓN DEL CARTELISMO TAURINO DE BILBAO 

De todas las posibilidades que ofrece la realización de un cartel, el de las Corridas Generales de Bilbao mantiene la relación entre pintura y publicidad tan frecuente en los inicios modernos del cartel. A partir de la segunda mitad del Siglo XIX y comienzos del Siglo XX, la presencia de las fórmulas meramente pictóricas acompañadas del siempre necesario texto crea las bases de una manera de entender el cartel que se basa en la existencia previa de una pintura, unas veces hecha explícitamente para la ocasión y otras veces utilizando pinturas directa o indirectamente relacionadas con el tema.

El Cartel de Bilbao es la reproducción de una pintura hecha expresamente para la ocasión, a la que acompaña, en un conjunto armónico, el abundante texto sobre las corridas a celebrar. A lo largo de los años, la consecuencia inmediata es la existencia de una colección de pinturas constituida por los sucesivos encargos para ilustrar los carteles.

Francisco Bringas (1827-1853), primer costumbrista de la pintura vasca, fue también el primer cartelista de la Feria de Bilbao al asumir el encargo de hacer el cartel anunciador de las Corridas de 1853. Muerto prematuramente con tan sólo 28 años, le sucede su hermano José, también pintor, autor, entre otros, de los carteles de los años 1866, 1869, 1871 y 1876 que hoy podemos admirar en el Museo Taurino de nuestra Plaza.

Considerando que determinados escritores como J. Valenzuela La Rosa e historiadores como Rafael Zaldivar en su obra “El Cartel Taurino”, nº 26 de la colección La Tauromaquia de Espasa-Calpe, atribuyen la autoría del primer cartel taurino al aragonés Marcelino Unceta en 1879, reivindico para Francisco Bringas, por ende para Bilbao, dicho honor.

Juan Eustaquio Delmas, escritor, grabador e impresor del Señorío, ya asegura en el siglo pasado que “Pancho Bringas fue el primero en idear y aplicar el anuncio de éstas fiestas populares”.

Mas tarde, Adolfo Guiard haría el cartel de las Corridas de 1886 y, como curiosidad, el cosmopolitismo que vive Bilbao hace que el cartel de 1906 se encargue al francés Gignaux.

A Ruiz Morales y Alcaraz, por citar a los más importantes, les sucede el impresionista Roberto Domingo que hará siete carteles entre los años 1923 el primero y 1946 el último, llenos de viveza plástica y colorido.

En pleno apogeo de la gran generación de pintores vascos, Isidoro Guinea, los hermanos José y Alberto Arrúe, Guezala y Martínez Ortiz hacen cartelismo publicitario, ilustran libros y revistas y todos ellos también hacen en los años 30 los carteles de nuestras Corridas Generales, de tal forma que pueden ser considerados como los innovadores del cartelismo taurino gracias a una cultura pictórica modernista que rompe moldes con anteriores tópicos folkloristas. Una muestra de éstos grandes pintores puede contemplarse en los Carteles, enmarcados, que ornamentan el Patio de Cuadrillas y otras dependencias de Vista Alegre.

A partir de los años 50 es Luis García Campos, digno sucesor de Roberto Domingo, el autor, casi ininterrumpidamente, de los carteles de Agosto.

En el interín, el bilbaíno Fede Echevarria, con ocasión de la inauguración de la nueva Vista Alegre en 1962, pintó un cartel abstracto rico en colorido y único en su género. También singular, por exclusivo, es el cartel “naif” del año 1974 de Olaso.

Otro ilustre bilbaíno, Iñaki García Ergüin, aporta la viscosidad plástica de su pintura claro obscura en sus dos interpretaciones de cartel en los años 1982 y 1993.

Por último no quiero olvidarme del amigo Nacho Aranduy, gran aficionado taurino y distinguido autor de los carteles de 1977 y 1994.

A lo largo de los años se hace muy difícil mantener un criterio. Las condiciones del encargo, los comitentes, los gustos, todo cambia. El estilo y la calidad suelen variar enormemente, con la pérdida inevitable de la coherencia requerida a una colección de arte.

A partir del año 1996 se apuesta por los valores tradicionales en el arte, siendo conscientes que ello supone una nueva exigencia y una autolimitación, pero ésta elección esta encaminada a ofrecer a la inmensa mayoría de aficionados una pintura con oficio, sencilla, hábil y cordial, fácilmente comprensible y capaz de emocionar a través de su función esencial, que no es otra que la de comunicar de forma seductora la celebración de una Fiesta tradicional y secular.

La respuesta no se ha hecho esperar. Desbordados por la demanda de carteles, hemos tenido que aumentar substancialmente la tirada impresa en éstos dos últimos años. La propietaria de una conocida tienda de marcos me decía: “ ....... continuar en la misma línea. Nunca me habían encargado enmarcar tantos carteles”.

La línea iniciada por la Junta Administrativa de la Plaza de Toros de Bilbao encaminada a mantener una colección de pintura realista como base de sus carteles anunciadores es ilusionante para todas aquéllas personas que disfrutan de uno u otro modo ante la pintura figurativa y que pueden tener la ocasión en un futuro cercano de contemplar un amplio y sólido conjunto de grandes cuadros en los que los pintores de nuestro tiempo han recogido el lenguaje realista para interpretar de formas tan diversas y complejas el acontecimiento taurino y su vinculación con Bilbao, como registro de sucesivas efemérides.

Así, por ejemplo, en el cartel de Jesús Mari Lazkano de 1996 se hace referencia especial a las obras ya iniciadas en la Campa de los Ingleses (prefiero utilizar éste entrañable topónimo, más inteligible en lenguaje bilbaíno, que el neologismo Abandoibarra); en el año 1997 Agustín Reche rinde homenaje al Museo Guggenheim inaugurado precisamente ése año y en el actual de 1998, Carlos Marcote hace inspirada alusión al Centenario que conmemora nuestro Athletic Club.

Resumiendo, nuestro Museo Taurino constituirá una emoción garantizada para los bilbaínos y un hermoso regalo para los visitantes. No de otra cosa trata el Arte.


D. LUIS DÍAZ DE LEZANA

 
 
CARTELES CORRIDAS GENERALES 1940-2016
 
 
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